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Quien pone el mismo pescado fresco y el congelado en la misma cena se encuentra con dos cuentas distintas, y una compensa más

El precio por kilo del congelado es más bajo, pero la merma en el fresco cambia el cálculo real de lo que llevas a la compra

Pablo Ruiz Quintero3 min de lectura
Filete de pescado fresco en hielo en el mostrador y bolsa de pescado congelado en el congelador

El pescado congelado y el fresco tienen lógicas de precio distintas. Cuál compensa depende de cómo calcules el precio real por kilo, incluyendo lo que pierdes en merma y desperdicio.

Tabla de contenidos(4 secciones)

El pescado congelado marca un precio por kilo notablemente más bajo que el fresco en la misma especie, pero esa cifra engaña. La merma en el fresco —pieles, espinas, cabeza si compras entero— y el desperdicio que puede acumularse en tu frigorífico mientras esperas a cocinarlo, cambian de verdad la ecuación de lo que cuesta ese kilo. Nadie pesa lo que tira al fregadero. Los datos de consumo en España muestran que casi el 40 % de los hogares alterna entre las dos sin calcular el precio real.

Dos lógicas de precio

El pescado fresco —merluza, rape, lenguado, trucha— llega al supermercado con toda su estructura: cabeza, espinas, piel. El precio por kilo que ves en la etiqueta es sobre el peso total. El congelado, en cambio, casi siempre viene fileteado o limpio, así que el precio por kilo que pagas es sobre peso útil casi al 100 %.

Es el mismo mecanismo que funciona en carne: la costilla fresca, con hueso, cuesta por kilo total; la carne picada, por peso neto utilizable. El congelado aplica la misma lógica. Si una merluza fresca cuesta a 12 € el kilo y el filete congelado a 8 €, no estás comparando kilos reales equivalentes. El fresco pesa más, pero comes menos gramos.

La merma: lo que pierdes en la cocina

Un filete de merluza fresca, si la compras entera, pierde entre un 25 y un 35 % de su peso en cabeza y espinas al procesarla en casa. En el supermercado, si compras filetes frescos ya limpios, la merma desciende, pero sigues perdiendo entre un 5 y un 15 % en piel y pequeñas espinas cuando la cocinan. El congelado, al llegar fileteado, no tiene merma de procesamiento. Cocinas lo que compras, salvo goteo mínimo de agua al descongelar, que puedes controlar envolviendo bien.

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Ese 20-30 % de diferencia es invisible en la etiqueta, pero son reales € que desaparecen en el fregadero sin que lo notes.

Cuándo compensa cada uno

Pescado fresco compensa cuando lo cocinas el mismo día o al día siguiente (bajo riesgo de desperdicio), cuando necesitas ese sabor y textura específicos sin pérdida de calidad por congelación, o cuando lo compras fileteado en el supermercado (merma mínima; el precio sube, pero compensas en rendimiento).

Pescado congelado compensa cuando lo compras con frecuencia, porque puedes tener stock sin obsesionarte por fechas de vencimiento. También gana cuando la vida cotidiana es impredecible: cenas que se postergan, cambios de planes. Y definitivamente vence cuando calculas por peso útil real, sin merma.

Hacer la cuenta exacta es directo: toma un fresco de 500 gramos, resta el 25-30 % (merma), te quedan 350-375 gramos comestibles. Toma el congelado de 400 gramos, todo es comestible. A igualdad de especie y origen, el congelado gana en precio por gramo útil casi siempre. Si el fresco tiene mejor origen verificable o lleva días menos en la cadena, el sabor marca una diferencia que algunos tragaderas justifican. Pero es la excepción.

El papel de la compra estratégica

¿En qué súper sale más barata la compra este mes?La comparativa completa con precios reales de todas las cadenas, actualizada a diario.

En los últimos meses, el congelado gana cuota en hogares con compra semanal estructurada, donde la previsión de menús permite aprovechar stock profundo. El fresco sigue siendo preferencia en casas que compran a diario o cada dos días. La presión de precios hace que cada vez más españoles regateen con la merma: compran fresco cuando saben que lo cocinarán hoy, y congelado para el resto de la semana.

La etiqueta de precio te engaña. La cuenta real incluye lo que pierdes en cocina, lo que se deteriora sin cocinar, y el tiempo que transcurre antes de usarlo. Vigilar ambas categorías es simple: precio visible de la etiqueta, merma estimada (pregunta al personal del mostrador de pescado si no lo sabes), peso realmente comestible. Divide. Compara. El más barato por kilo útil, gana.

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Etiquetas:pescado-frescopescado-congeladoprecio-comidamermapresupuestocesta-compra

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