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La factura eléctrica de los supermercados españoles ha engordado este año, y el sector ya ha puesto cifra a lo que pesa en la cesta

Asedas cuantifica el impacto de la factura eléctrica: un gasto que compite con los márgenes del lineal

Pablo Ruiz Quintero3 min de lectura
Pasillo refrigerado de supermercado con iluminación cenital de neón, frigoríficos laterales con productos visibles y reflejos de luz cálida.

Los supermercados españoles han acumulado 110 millones de euros en sobrecoste energético, una cifra que Asedas cuantificó y que presiona los márgenes de la venta directa.

Tabla de contenidos(3 secciones)

La factura eléctrica de los supermercados españoles ha engordado de manera sostenida en los últimos años. Asedas, la asociación que agrupa a cadenas como Mercadona, Lidl, Día, Ahorramas y Aldi, acaba de cuantificar el coste real: 110 millones de euros en sobrecoste energético acumulado desde que se agravaron las tensiones geopolíticas en Oriente Medio.

Esa cifra no es un número abstracto de un informe sectorial. Es peso directo en las cuentas operativas de cada tienda, compitiendo diariamente con el margen bruto que queda disponible para pagar renta, personal, logística y todo lo que mantiene abierta una tienda de barrio o un hipermercado.

Una factura que no para de crecer

La electricidad representa uno de los tres mayores costes operativos de un supermercado, junto con el personal y la logística. Una tienda grande consume permanentemente: frigoríficos funcionan 24 horas, iluminación de lineales, acondicionamiento de aire, máquinas de cajas registradoras, cámaras de vigilancia, sistemas de frío para la sección de congelados y carnicería.

En julio de 2026, la inflación en España alcanzó el 4,3%, impulsada principalmente por carburantes e indirectamente por energía. El transporte experimentó una variación anual del 9,5%, la más alta desde agosto de 2022, lo que encadena costes en toda la cadena de suministro: fletes más caros, que se suman a la electricidad más cara.

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Asedas destaca en su comunicación que los supermercados han hecho esfuerzos conscientes por contener los precios al consumidor a pesar de estos costos crecientes. Ese margen de maniobra, sin embargo, se estrecha cada trimestre.

Márgenes bajo asedio: cuándo la energía compite con tu compra

Para entender por qué 110 millones importan, hay que mirar los márgenes históricos del sector. En el año 2022, cuando la inflación fue especialmente severa, el margen bruto medio de la distribución alimentaria cayó hasta el 1,85%, según datos de Asedas y Retail Data 2025. Un margen de 1,85% significa que en una cesta de 100 euros, apenas hay 1,85 euros disponibles después de pagar al proveedor. De esos 1,85 euros sale todo: renta del local, nóminas, servicios, mantenimiento, campañas publicitarias, y ahora, gastos de energía disparados.

Los 110 millones de sobrecoste energético se reparten entre las decenas de tiendas de las cadenas del sector español. En una cadena mediana como Carrefour, Día o Alcampo, eso puede representar varios millones de euros anuales. El dilema es clásico: ¿bajar precios para fidelizar clientes y perder rentabilidad, o trasladar el coste a productos y arriesgar a que la gente compre en otra parte?

La realidad es que ambas cosas ocurren. Algunos productos se ven más afectados que otros. Las categorías de bajo margen relativo —leche, pan, huevos— absorben menos traslación. Los productos frescos y las marcas del distribuidor tienen más margen y pueden asumir más presión sin cambiar precio visiblemente.

De la factura a tu carrito: cómo impacta el sobrecoste

El mecanismo es indirecto pero real. La energía cara no dispara el precio de un yogur de golpe. Funciona así: cuando un supermercado enfrenta un sobrecoste energético estructural, ajusta su planificación de precios hacia arriba en incrementos pequeños y difusos. Algunos productos suben en abril, otros en junio, unos cuantos bajan por promoción mientras otros mantienen precio pero pierden tamaño (reduflación).

A nivel macro, según la OCU y análisis del INE, estos costes operativos invisibles —energía, logística, personal— se reflejan en la Canasta de la Compra general con un retraso de 2-3 meses respecto a cuando el sector los siente.

¿En qué súper sale más barata la compra este mes?La comparativa completa con precios reales de todas las cadenas, actualizada a diario.

RadarSuper vigila precisamente estas variaciones. El dato de Asedas sobre los 110 millones de sobrecoste energético explica parte de por qué, aunque la inflación general baje, los precios en el pasillo no siempre bajan al ritmo que el consumidor espera. La energía seguirá siendo una presión constante, especialmente en otoño e invierno cuando el consumo de electricidad de climatización y frío sube.

Seguir la evolución de estos costes implícitos es tan importante como leer el precio del mostrador. Son las fuerzas que lo moldean.

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Etiquetas:supermercadosenergíapreciosmárgenesAsedasinflacióncesta de la compra

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