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Quien mira el precio por kilo antes de coger la oferta se lleva más de una sorpresa en el pasillo: así funciona la letra pequeña

El precio por unidad desactiva muchas 'ofertas' del supermercado cuando lo lees en la etiqueta: así funciona la práctica de la reduflación

Pablo Ruiz Quintero4 min de lectura
Detalle de etiqueta de supermercado mostrando precio por kilo en letra pequeña, mano de cliente

La etiqueta de un producto esconde en letra pequeña el precio por kilo, litro o unidad que desmonta cualquier oferta. Es legal, común y casi nadie lo mira.

Tabla de contenidos(5 secciones)

Esa etiqueta amarilla que cuelga debajo de cada producto en el supermercado esconde un número que casi ningún comprador lee. Está ahí, impreso en letra minúscula, junto al precio por kilo o litro. Es obligatorio por ley desde hace años. Y cuando alguien se toma el tiempo de mirarlo, la oferta que parecía un chollo se desmorona.

El precio por unidad es la verdadera medida de lo que cuesta llevar algo al carro. No el número grande que ves desde dos metros. El pequeño. Ese que obliga a acercarse, ponerse las gafas si hace falta, y leer despacio. Es donde vive el verdadero precio, donde se descubre si esa oferta es de verdad una oferta o solo un truco del lineal.

RadarSuper lo sabe bien. En su sistema de vigilancia diaria de precios, la herramienta detecta automáticamente estos cambios cruzando el precio total que ves en la etiqueta grande con el precio por unidad. Cuando el total baja pero el unitario sube, o cuando uno sube más rápido que el otro, ahí hay un patrón. Es lo que se conoce como reduflación.

¿Qué es el precio por unidad y por qué existe?

El precio por kilo, litro o unidad es una imposición de la ley de Defensa de la Competencia. Todos los productos tienen que mostrarlo en la etiqueta. No es un capricho de las cadenas. Es un mecanismo de transparencia que, en teoría, permite comparar de verdad dos productos diferentes o el mismo producto en dos tamaños distintos.

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Un ejemplo de manual: si coges un pack de jamón serrano de 150 gramos a 3,50 € y otro de 200 gramos a 4,40 €, el precio por kilo resuelve la duda. El primero está a 23,33 € por kilo. El segundo, a 22 € por kilo. El más grande no es más caro: es más barato. Pero si no miras ese número pequeño, puedes llevarte el pack caro sin saberlo.

La ley existe porque alguien en algún momento compró algo sin pensar y se dio cuenta luego de que había pagado más por menos. Así funciona la protección del consumidor: tras el fraude, la norma.

Dónde se esconde: la letra pequeña del lineal

Aquí empieza el problema de verdad. Esa etiqueta amarilla está en el lineal. El número grande —el precio— está orientado hacia el cliente, es lo primero que ves cuando pasan los ojos por la estantería. El precio por unidad está en un rincón. Normalmente abajo. A veces en un tipo de letra tan pequeño que parece impreso a propósito para que no se lea.

No hay mala fe legal aquí. La norma solo obliga a que esté. No regula el tamaño de la letra ni la posición exacta. Así que cada cadena elige. Y muchas eligen poner el número pequeño donde el ojo no lo ve de inmediato.

Esa decisión de diseño tiene un efecto real. El comprador entra con un carrito, ve una etiqueta roja que dice "oferta" o "baja de precio", lee el número grande, piensa "qué bien", coge el producto. No se acerca a leer el precio por kilo. Y se va a casa con un producto que es más caro por unidad que la semana anterior.

Cómo el precio por unidad desmonta la oferta

Este es el mecanismo que más asusta a quien empieza a fijarse. Una cadena reduce el formato de un producto —de 500 gramos a 450, por ejemplo— pero mantiene el precio. El precio grande en la etiqueta no cambia. La oferta sigue siendo la misma. Pero el precio por kilo sube un 11 %.

O, más comúnmente, sube el precio por kilo de forma gradual mientras el cliente cree que el precio se mantiene porque el número grande de la etiqueta se mueve poco. Son subidas de 0,10 € o 0,15 €, apenas perceptibles semana a semana. Pero acumuladas en doce meses, pueden alcanzar el 6 %, el 8 %, a veces más.

Alguno productos son más propensos a esto que otros. Los embutidos, los yogures, los congelados, los quesos de marca. Productos de precio medio-alto donde cambiar de formato es menos obvio que en algo como el pan o la leche. Cambiar una bolsa de jamón de 120 gramos a 100 sin que nadie lo note es más fácil que quitarle 200 mililitros a un brick de leche de un litro.

La reduflación: cuando la oferta se transforma en trampa

Hay un paso más allá del precio por unidad escondido. Es cuando el formato cambia pero el precio total se mantiene, o incluso baja un poco. Es lo que se conoce como reduflación.

No es ilegal. Es legal e invisible. El producto sigue en el mismo lineal, con el mismo nombre, la misma marca, la misma forma. Pero dentro hay menos cantidad. El precio grande de la etiqueta no se altera lo suficiente para que alguien se de cuenta mirándolo rápido. Pero el precio por kilo subió.

¿En qué súper sale más barata la compra este mes?La comparativa completa con precios reales de todas las cadenas, actualizada a diario.

Esto es lo que la vigilancia de precios detecta constantemente. Es por eso por lo que el precio por unidad importa tanto. Es la única métrica que no miente cuando el formato cambia.

Cómo protegerse en el lineal

Leer el precio por unidad no es complicado. Acercarse, buscar ese número pequeño, anotarlo mentalmente. Si compras ese producto cada semana, después de dos semanas ya sabes cuál fue el cambio. Comparar dos productos del mismo tipo. Mirar el histórico si el número es muy diferente del que recordabas.

La etiqueta seguirá siendo pequeña. El lineal seguirá siendo un laberinto de tamaños y formatos distintos. Pero quien empieza a mirar el precio por unidad deja de ser un cliente invisible. Deja de llevarse la sorpresa en el pasillo.

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Etiquetas:reduflaciónprecio por kiloetiquetasupermercadooferta

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