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Juan Roig pone el móvil de mil euros frente al brick de leche de Mercadona: «es mucho más valioso producir un litro de leche bueno»

El presidente de Mercadona reivindica el valor de la alimentación en su comparativa sobre lo que invierte la sociedad en tecnología

Pablo Ruiz Quintero3 min de lectura
Smartphone de mil euros en primer plano junto a un brick de leche en estantería de supermercado, contraste de valores, iluminación retail cálida

Hace años que Juan Roig sostiene una reflexión incómoda sobre los precios: mientras un móvil cuesta mil euros, los productores reciben apenas 70 céntimos por litro de leche.

Tabla de contenidos(3 secciones)

La comparación que hizo público Juan Roig durante la presentación de resultados económicos de Mercadona sigue siendo tan vigente hoy como cuando la pronunció: mientras los consumidores gastan mil euros en un teléfono inteligente de última generación, los productores de leche españoles reciben entre 60 y 70 céntimos por cada litro que entregan a las plataformas de distribución.

Roig insistió en un argumento que no es puramente sobre cifras: «Es mucho más difícil producir un litro de leche bueno que fabricar un móvil». La declaración fue hecha sosteniendo su propio smartphone, convirtiendo el ejercicio en una lección de proporciones sobre lo que la sociedad valora realmente.

El precio de lo que comemos

Los números brutos son simples. Un ganadero español que produce leche opera en márgenes mínimos. El precio que percibe por su producto refleja decisiones que toma en cadena — desde el alimento del animal hasta la higiene de la ordeña, pasando por inversión en infraestructura, energía y cumplimiento normativo.

En cambio, el móvil de mil euros puede ser un lujo o una necesidad según quien lo compre, pero su precio es principalmente una decisión de mercado y posicionamiento de marca. La leche es esencial. Los móviles son tecnología.

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Sin embargo, esa inversión de prioridades dice algo sobre cómo funcionan nuestras economías. Un productor de leche invierte años en animales de calidad, en sistemas de ordeña, en gestión ambiental. Un fabricante de teléfonos opera en ciclos de dos o tres años, lanzando nuevos modelos que muchos consumidores descartan apenas obsoletos.

La vigencia incómoda

La reflexión de Roig no fue coyuntural. Fue, intencionadamente, una crítica al sistema que permite que lo esencial — alimento básico, proteína de calidad — tenga precios que los productores consideran insostenibles, mientras lo prescindible — la última versión de un gadget — se venda sin freno a precios que multiplican por cien lo que ingresa una explotación ganadera en un mes.

En estos años desde que hizo esa observación, el contexto ha cambiado poco. Los precios de la tecnología han seguido comprimiendo márgenes. Los precios que reciben los productores agrícolas y ganaderos continúan bajo presión. Las colas en caja del supermercado cada vez más llenas de gente que cuenta euros.

Más allá del titular

Lo que Roig señalaba no es solo un problema de precios. Es una pregunta sobre qué valora la sociedad y cómo esa valoración se traduce en lo que pagan las empresas por los productos. Un litro de leche que lleva días de trabajo, toneladas de alimento, energía, mantenimiento de infraestructura — versus un dispositivo diseñado para descartarse en dos años.

Mercadona, como cadena de distribución, compra leche a productores y la vende al consumidor. Pero Roig, como empresario de distribución, también ve la tensión: si paga más a los productores, el brick sube. Si no paga más, los productores abandonan. Y si el consumidor sigue prefiriendo gastar mil euros en tecnología que invertir en alimentación de calidad, el equilibrio se rompe.

¿En qué súper sale más barata la compra este mes?La comparativa completa con precios reales de todas las cadenas, actualizada a diario.

Esa es la incomodidad que Roig ventila con su comparación del móvil. No es un argumento contra la tecnología. Es un recordatorio de que la leche buena, la que tiene animales bien cuidados, alimento adecuado y ordeña en condiciones de higiene, cuesta lo que cuesta producirla. Y que mientras lo paguemos como si fuera aire, los que la producen seguirán en crisis.

RadarSuper sigue vigilando cada movimiento en los precios de la cesta de la compra. Porque esa tensión que Roig describe — entre lo que pagamos y lo que vale producir comida de calidad — es el latido que mueve los números que analizamos cada día.

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Etiquetas:Juan RoigMercadonaPrecio de la lecheAlimentaciónValor agrario

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