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El viaje de un producto desde el proveedor hasta el lineal explica por qué el precio cambia de un día para otro en tu supermercado

De la fábrica al almacén, del almacén al camión y del camión a la estantería: cada paso suma costes que determinan lo que ves en la etiqueta.

Pablo Ruiz Quintero4 min de lectura
Empleado reponiendo cajas en estantería de supermercado durante apertura de tienda

La cadena de suministro es invisible, pero sus costes aparecen en cada etiqueta de precio. Descubre las manos que tocan tu producto antes de que lo compres.

Tabla de contenidos(4 secciones)

Entre el camión del proveedor y la balda del súper pasan varias manos, y cada una deja su marca en la etiqueta que acabas pagando. Cuando espías el precio de una botella de aceite o un paquete de café y ves que ayer costaba otro, la respuesta no está en una conspiración de las cadenas: está en cómo viaja un producto desde que nace en una fábrica hasta que termina en tu carro.

El viaje comienza en la fábrica

Todo empieza con el fabricante: la empresa que produce el producto. Ese distribuidor fija un precio de salida (el precio de fábrica o "precio a puerta"). Aquí entra el primer coste que casi nadie ve: la logística interna. El fabricante debe embalar, paletizar, organizar camiones. Si es un pequeño productor, estos costes son desproporcionados. Si es Nestlé o Danone, se reparten entre cientos de miles de unidades. Pero siempre están ahí.

Desde la fábrica, el producto no va directo al supermercado. Va a un almacén regional: la llamada red de distribución. Algunos fabricantes cuentan con sus propios almacenes (distribución directa); otros confían en distribuidoras independientes que actúan como intermediarias. Estas almacenes son enormes, con decenas de miles de referencias. Ahí pasan costes de almacenaje, manipulación, sistemas de refrigeración (si lo necesitan), seguros.

Del almacén al camión: la fase invisible

Desde el almacén regional, el producto se carga en camiones que reparten a tiendas. Ese viaje tiene coste: combustible, conductor, mantenimiento del vehículo, GPS, seguros. Un camión que reparte a Mercadona viaja a horarios específicos, con rutas planificadas. Si un producto tiene baja demanda, va en un camión menos frecuente. Si tiene demanda alta, en camiones diarios. La frecuencia de reparto añade costes fijos que se distribuyen de modos distintos según la negociación entre fabricante y cadena.

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Cuanto más caro el reparto, más se suma al precio. Un producto que sale del fabricante a 1,50 € puede llegar al almacén regional a 1,70 €; al camión de distribución, a 1,85 €. Aquí es donde empiezan a verse diferencias según la cadena. Mercadona negocia sus propias rutas. Carrefour, las suyas. Cada una paga un precio distinto por los mismos servicios logísticos porque compran en volúmenes distintos, en territorios distintos, con servicios distintos (reparto diario vs. dos veces por semana).

En la tienda: la mano final

Ya en la tienda, el producto entra en una fase de costes adicionales. Un empleado lo descarga del camión, lo lleva al almacén trastienda de la tienda, lo etiqueta, lo repone en el lineal. Cada uno de estos pasos tiene coste: salario, beneficios sociales, servicios (luz, agua). Si el producto está en oferta, la tienda absorbe la diferencia entre su coste y el precio de oferta. Si está en lineal destacado (final de pasillo, altura de ojo), ocupó espacio logístico preferente, que también tiene precio.

Además, cada cadena tiene márgenes distintos. Mercadona aplica un margen sobre el coste total del producto que recibe. Carrefour, otro. Lidl, otro diferente. No es que uno sea más malo que otro; es que sus modelos de negocio son distintos: volumen, beneficio por unidad, rotación esperada. Un producto que Lidl vende con 15 % de margen, Carrefour lo vende con 20 %, y Mercadona con 18 %. Esos 2-5 puntos de diferencia de margen se ven en caja.

Por qué cambia el precio cada día

Ahora entiende por qué tu café favorito cuesta un precio distinto cada semana. No es magia ni especulación; es que la cadena de suministro es como un río con varios afluentes. En septiembre, el proveedor de aceite negocia con Mercadona un reparto dos veces por semana; a finales de mes, por qué no, tres veces. Eso baja costes. O sube la gasolina, y el coste de transporte se incrementa. O la cadena detecta baja demanda y ajusta el margen hacia abajo para rotar stock.

Cada pequeño cambio en logística, en volumen pactado, en servicios solicitados, en margen fijado, repercute en la etiqueta. RadarSuper detecta esos movimientos muestreando diariamente supermercados españoles. Lo que ves es el reflejo final de decisiones tomadas semanas antes en despachos de fábricas y en almacenes regionales.

¿En qué súper sale más barata la compra este mes?La comparativa completa con precios reales de todas las cadenas, actualizada a diario.

La próxima vez que veas que el jamón ibérico subió 0,30 € en una semana, no pienses en avaricia. Piensa en esas varias manos. Piensa en los camiones. Piensa en los almacenes. Piensa en los márgenes renegociados. El precio no es un número caprichoso; es el resultado final de una cadena completa de costes que empieza muy lejos de tu vista.

*Seguir vigilando los precios en tiempo real es la forma de detectar si esos cambios son justos o si alguien en la cadena está aprovechándose del cambio.*

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Etiquetas:cadena de suministrologísticapreciossupermercadosexplainer

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